viernes, julio 23, 2004

Stockholm Syndrome

Juro que no quise despertarla. Me podría haber quedado horas mirandola dormir a mi lado, inmutable, refrescando el aire a su alrededor.
Cuando desperté lo primero que hice fue abrir mis ojos, al pricipio lentamente, para corroborar que no era un sueño; que en realidad ella había pasado la última noche conmigo. Que había buscado refugio de la lluvia en mis brazos.
Las sabanas nos cubrian completamente y un manto pesado de frazadas nos abrigaban. Apenas podía ver su cara, sus ojos bien cerrados, mientras soñaba.
Su respiración llenaba el vacio de la mañana. Mi corazón la acompañaba. De lejos se escuchaba el reloj del comedor, marcando el tiempo de aquella pequeña orquesta. No quise moverme, ni siquiera despegue la cabeza de la almohada ni corrí mi mano adormecida de debajo de su cabeza. Quizas estaba soñando y no quería interrumpirla. Yo no podía dormir.
Sus labios, hinchados por el sueño, lucían realmente tentadores. EL pelo le caia en la cara, acentuando sus facciones angelicales. Era poesía pura, digna de ser adorada como diosa por alguna milenaria cultura. Era belleza en esencia dormida, justo a mi lado.
Y juro que no quise despertarla, pero las ganas de besarla fueron mas fuerte. Entonces me acerqué lentamente a su boca y conteniendo la respiración, roce sus labios. Quizas se dio cuenta de mi necesidad de escuchar su voz, quizas ella tambien necesitaba escuchar la mía...
Muy lentamente abrió sus ojos y me miró por unos segundos, callada y somnolienta. "Es muy temprano, dormite" me dijo y sonrió. Y con esa sonrisa volvió a caer ante Orfeo. Y yo también sonrei... después de todo, tenía razones para hacerlo.
Silla!

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