domingo, junio 13, 2004

Cursi...

Él vivía una vida lineal. Se había cansado de los atajos y los escapes. Las idas y venidas no le interesaban en lo más mínimo. Su vida se limitaba a seguir hacia adelante, sin tomar en cuenta bifurcaciones u obstáculos. La meta era inalcanzable, era un punto en el horizonte que jamás llegaba. Sin embargo él seguía, porque no había otra opción más que seguir hacia adelante.
Luego descubrió que su vida fluctuaba. A veces su suerte empeoraba y se sentía decaer. Otras veces sentía que la vida le sonreía y que nada podría estar mejor. Él comenzó a notar que estos cambios se sucedían unos a otros. Su vida lineal se convirtió en un círculo.
Estaba encerrado en la monotonía, en un mundo donde nada lo podría sorprender porque el ayer era igual que el mañana. Y asi vivió por muchos años, convirtiéndose en un experto en su vida porque no había nada en él que cambiara. Era un copia de si mismo.
Hasta que llegó ella. Inescrupulosamente, supo situarse sobre la linea hasta que esta cedió. De pronto, el círculo había sido destruido. Luego caminó hasta el final de la linea y se posó allí, esperando alguna respuesta de él. Él, en cambio, trató en vano de componer el círculo, temeroso del nuevo entorno. Al final, tuvo que acostumbrase a la inestabilidad del mundo que ella le había creado.
Él la odiaba y la amaba por ello. Lo había condenado a ser libre, le había borrado aquella rutina que lo estaba matando. Le hacía tanto mal como bien y eso no terminaba de fascinarle. Él entendió que su vida no sería nada sin ella. Entendió que todo lo podía controlar, menos a ella...
Él encontró en ella la paz, el apoyo y la confianza que necesitaba para volver a dislumbrar nuevos caminos y darse cuenta de que la meta en nuestra vida es mas proxima de la que antes se imaginaba. Ahora él vive simplemente para disfrutar el presente con su compañía.
Silla!

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